martes, 19 de abril de 2011

Los Soprano o los sentimientos enfrentados

Este año 2011 he vuelto a recuperar Los Soprano. Vi la serie en su momento, hace dos o tres años, y me dejó impactado. No soy un seguidor a muerte de las series, en general. Es más, me pone un poco nervioso ese stress generado a partir de las series... demasiadas series imprescindibles! Demasiadas temporadas que ver! ¿de dónde saca tiempo la gente para estar al día de todas ellas? Así que ya veis, ahora, en lugar de estar enganchado a “The Boardwalk Empire” o a la temporada nosequé de “Cómo conocí a vuestra madre”, vuelvo a meterme en el mundo Soprano.

No entraré en deshacerme en elogios hacia esta serie. Si me estoy tragando por segunda vez las 8 temporadas, creo que es algo significativo y sobra el ponerme pesado. No, no es de eso de lo que quería hablar. Ver Los Soprano me provoca ciertos sentimientos enfrentados, por la admiración que pueda sentir hacia Tony Soprano y su cuadrilla. Veamos, por un lado, Tony Soprano es un tío que intenta, no siempre, pero sí a menudo, conseguir su satisfacción, por encima de las normas sociales establecidas. Dinero, juego, bebida, drogas, mujeres y violencia. Y ese comportamiento tiene un magnetismo muy especial. Por otra parte, es un personaje capaz de extorsionar hasta la máxima crueldad a los que considera que están en su territorio, comerciantes y restauradores que en mayor o menor medida se ven obligados a entrar en esa rueda.


Los chicos con sus mejores galas 

Puedes ver a Tony yendo en su cochazo a un restaurante de lujo con un traje impecable en una cena con sus amigos que acabará con alcohol, sustancias varias y lo que la noche les aporte, y pensar con socarronería: qué hijoputa. Puedes, también, ver a Tony ordenando una paliza al restaurador del barrio por no pagarle lo que considera su tributo, y pensar que es un hijoputa. Hijoputa, palabra que puede definir a Tony Soprano en sus dos vertientes, ambas con un mismo término... que viva la versatilidad del castellano coloquial...

Por supuesto, y ése es uno de los triunfos de la serie, no se trata de un personaje plano, ni mucho menos amoral. Sencillamente, tiene un concepto de moral distinto del que tenemos en nuestro día a día. Se rige por esas normas de su Familia y su Negocio, aunque eso le lleve a tragarse muchos sapos. Pero al final, quien no ha querido comportarse, en varias ocasiones de nuestro día a día, como un Tony Soprano, y simplemente, dejarse llevar por los impulsos?

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